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Chile

La democracia en Chile es un pésimo y absurdo circo televisivo desde los años 90’s, y el gran problema de esto, es que ha mutado, gracias a las redes sociales, en un circo multimedia.

Jorge Baradit, el escritor del libro «Historia Secreta de Chile», ha buscado incansablemente erigirse a sí mismo como candidato a Constituyente en distintos espacios virtuales, llegando ahora a su más grande proeza: utilizar un espacio televisivo para lograr sus fines.

El mismo que alega que el pueblo piratea sus obras, ahora quiere redactar la Nueva Constitución que regirá al pueblo. Sin embargo, y como siempre, esto puede ser resultado de fines egoístas irracionales; afanes de figurar en todo momento, ya que su decisión guarda profundas contradicciones con sus actos políticos. Esto se puede explicar tomando en cuenta que el señor Baradit, probablemente, y por causa de la ceguera de los reflectores, nunca ha reparado en que si el pueblo piratea sus libros, es porque él no entrega un servicio a la medida del consumidor, los cuales, al no poder contar con acceso a la cultura – ya que en Chile los sueldos son asquerosamente malos- prefieren descargar o comprar en las calles diversas obras literarias. Entre ellas, los libros de Baradit, siendo la calle una gran vitrina que este artista DEBERÍA AGRADECER.

De no ser porque el pueblo piratea sus libros, probablemente este personaje no tendría la misma popularidad y reconocimiento de las masas. Esto nos da a suponer que sus intenciones, si bien, pueden sonar muy altruistas en su mente, no son otra cosa que delirios de grandeza, intenciones de formar parte de un proceso que le pertenece a la élite, y por tanto, ser parte de esa élite.

Misma élite que él ha criticado en varias ocasiones, aquella que se hizo con el poder en los años 90, con la salida de Pinochet del sillón presidencial. Esa élite que tuvo más de 20 años para arreglar la situación económico-social que se inició en dictadura. Misma casta que engendró proyectos políticos como el Frente Amplio, Evópoli, diversos think-tanks y fundaciones, entre otras entidades, las cuales están conformadas por hijos del conservadurismo chileno, en conjunto a los rezagados de aquellas generaciones que alguna vez gobernaron. Estas gentes, tienen prácticamente las mismas ideas que sus padres y oxidados próceres, sólo que «agringadas/europientas». Muy buenas intenciones, hasta quizás afanes revolucionarios, pero que en el fondo, no responden al contexto socio-cultural-territorial de Chile y los pueblos de las regiones.

Hoy Jorge Baradit se candidatea para convertirse en uno más de la generación de políticos mediocres marcados por la sangrienta dictadura y el pesimismo de los noventas. Si Baradit es electo, probablemente viva un hermoso momento personal en su vida, siendo parte de la crema de la crema de la política. No hay dudas en eso, cualquiera lo viviría de igual forma. Sin embargo, el fondo de todo esto sigue siendo el mismo: los que van a sufrir por causa de los errores futuros de aquella casta ferozmente traumada por los dramas no resueltos del pasado, la cuál ha cerrado la oportunidad de una Asamblea Constituyente realmente ciudadana y legítima, seguirán siendo los mismos: el pueblo, los más pobres. No Baradit, No Jackson, No Schalper, tampoco los Kasts ni sus minions.

¿Alguien en serio cree que la generación de Baradit nos va a entregar una carta fundamental decente? Aunque, bueno, la constitución de Pinochet no dejó muy alta la vara que digamos…


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