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Chile


En este mundo todo es posible. Especialmente cuando perteneces a la élite gobernante de cualquier nación.

En un futuro que podría ser posible, porque en Chile todo lo inimaginable puede llegar a concretarse -excepto tener buena calidad de vida sin endeudarse-, tienes a todo el país dividido entre dos opciones:

Por un lado, tienes al Partido Republicano y a Evópoli, controlados por el clan Kast, venciendo a la UDI y RN en una primaria presidencial. Después de que el «Kast chico» se sincerara consigo mismo y aceptara que de liberal no tiene nada más que el apodo, lo ves aliarse con su tío, el maléfico conservador y patriota que, según los documentos ideológicos de su partido, quiere instaurar el sueño húmedo de Cicerón en Chile: una república semi democrática, donde existen dos clases de personas.

La aristocracia gobernante, conformada en su mayoría por las personas más acaudaladas del país, en conjunto a tecnócratas designados por ellos mismos, y obvio, a la clase política de facto; y por otro lado, al pueblo, quienes son a final de cuentas, la fuerza productiva que les mantiene a los más ricos la economía funcionando, y por supuesto, son la fuente de ingresos para todos los políticos que conforman la aristocracia gobernante. Porque sepa usted que sin los impuestos que la gente paga, en especial el IVA (el cual los ciudadanos no podemos eludir), prácticamente los políticos no ganarían ni un solo peso.

Un régimen donde te dicen que vas a tener voz y voto, pero no te lo creas, eso no va a pasar nunca. A no ser, claro, que logres casarte en sagrado matrimonio con alguien de la élite, o logres convertirte en político o ladrón de cuello y corbata. Un sistema altamente opresivo, pero que goza de estabilidad política porque se lograría cumplir la fantasía casi erótica de Jaime Guzmán: la despolitización total de la sociedad.

En resumidas cuentas, sería algo muy parecido a lo que se vive actualmente, sólo que más aburrido y muchísimo más desigual.

En la vereda del frente, tienes a Florcita Motuda.

Un buen día, mientras te desinformas a través de tu noticiario favorito de la televisión, quizás en algún canal privado donde pusieron de conductor a Karol Lucero, ves a Florcita Motuda teniendo un cara a cara con José Antonio. Por dos segundos, te sientes en animación suspendida, observando la televisión, pero sin procesar ninguna imagen que te presenta la caja idiota, perdiendo la noción del tiempo, como si la vida se hubiese detenido. No escuchas nada, no piensas nada. Y de pronto, sales del trance para pensar: ¿Cómo diablos llegamos hasta este momento de la historia?

Pues bien. Tras terminarse la pandemia por el Coronavirus en el año 2022, Chile se convirtió en un país quietista. La gente poco a poco comenzó a salir a la calle, y el olor a neumático quemado y bencina desaparecieron por completo de la memoria de los ciudadanos. Porque el Estallido Social había pasado hace mucho, y porque, en el nuevo mundo, sólo se puede pensar en sobrevivir a toda costa. La sensación colectiva que se ha tomado la vida diaria, es de miedo constante a enfermarse. La economía salió muy perjudicada, así que no hay tiempo para estallidos ni nada, lo importante es mantener el trabajo, porque o si no, caes irremediablemente en la pobreza. ¿Bonos u algo por parte del gobierno? ¡No, señores! La pandemia nos afectó tanto que ahora sí, después de casi 60 años, el discurso del «ahorro fiscal» se tomó la política. Claro, después de que el Banco Central perdiera toda autonomía, la deuda interna y externa esté por los cielos, el peso chileno está totalmente devaluado, y se está en conversación con China para que compre parte de la deuda.

Ante esto, nace el «Movimiento Nueva Alegría», que conforma a gran parte de la izquierda que renegó de ser parte de acuerdos en conjunto al Frente Amplio y la ex Concertación. Una coalición liderada por el Partido Humanista, el Partido Ecologista, el Partido Comunista y una plataforma política llamada «el núcleo», que está conformada por más de 100 colectivos y organizaciones políticas que reniegan del sistema de partidos políticos.

Después de una jugada maestra ejercida por la Queen Pamela Jiles, quien ahora es presidenta del senado, lograron convencer a Raúl Florcita Alarcón para librar la última batalla política de su vida: ganar las presidenciales.

Florcita es necesario. Se ha convertido en un ícono de la paz y el amor después de la gran depresión social que experimentó Chile, donde todos los ciudadanos se sentían muy tristes. Los psicólogos y psiquiatras se habían convertido en los nuevos médicos y ahora ganaban más que los cirujanos, porque la demanda por acceder a mejor salud mental era un imperativo.

Florcita aceptó, claro está, y prometió que apenas ganara la presidencia, en 20 minutos convocaría a un plebiscito para cambiar la constitución política de Chile. Porque no crean que se logró cambiar la constitución. ¿Por qué ocurriría eso? La pandemia era más importante, la economía era el centro de atención de todos. «Primero reactivemos los diferentes sectores productivos y luego vamos a las reformas constitucionales», vendía la pescada Diego Shalper, quien es senador de la república y sigue teniendo el mismo corte de pelo horrendo.

Florcita era el nuevo «The Man» (lo que antes fue Hernán Büchi), y Chile necesitaba sólo una cosa: reír.

Una batalla política de proporciones bíblicas se desataría entre estos dos personajes que, darían todo por lograr la presidencia.

[Tienes hasta el sábado 4 de julio a las 23:59 para votar. Un voto por dirección IP, un voto por persona]

¿Por quién votarías en una presidencial?

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