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Chile

«Hace dos meses, Chile era admirado por su abordaje quirúrgico de la pandemia: testeos exhaustivos y cuarentena por vecindario. Hoy tiene una de las tasas de infecciones per cápita más altas en el mundo y su ministro de salud, una vez elogiado, se ha visto obligado a renunciar».

Con ese directo resumen inicia un demoledor análisis de Bloomberg sobre el manejo de la pandemia de Covid-19 por parte del Gobierno chileno.

El artículo afirma que «las evaluaciones iniciales sugieren que Chile siguió el ejemplo de las naciones ricas sólo para darse cuenta, una vez más, que un gran porcentaje de sus ciudadanos son pobres, un eco de la desconexión entre el Gobierno y la nación del año pasado, cuando el incremento del Metro llevó a masivos disturbios».

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Incluso recuerda los cuestionados dichos, del 28 de mayo, del entonces ministro Jaime Mañalich, quien reconoció «no tener conciencia» de la magnitud de la pobreza y hacinamiento existente en un sector de Santiago, ante las primeras semanas de cuarentena total: «No fue una sorpresa para los chilenos cotidianos que durante mucho tiempo se han quejado de la división entre las élites con educación extranjera que dirigen el Gobierno y el resto de la sociedad«, sostiene Bloomberg.

«Cuarentenas que funcionan bien para los que tienen, y no para los que no tienen»

Preguntándose «qué salió mal» en Chile, el análisis apunta que «al centro del debate» están las cuarentenas: «Los expertos en salud ahora reconocen que funcionan bien para los que tienen, pero no para los que no tienen«, expone, complementando que «al final, la lucha contra el virus en Chile parece haber sido víctima de los mismos factores que provocaron crisis en otros mercados emergentes: pobreza, hacinamiento y una fuerza laboral masiva fuera de los libros».

«El mundo ha aprendido bastante dolorosamente que quedarse en casa por largos períodos no es una opción real para muchos», asevera.

«Para fines de abril, el conteo oficial de casos daba la imagen de una epidemia bajo control, y la Administración de Sebastián Piñera comenzó tendiendo trabajos preparatorios para reabrir oficinas y centros comerciales (…) pero los casos comenzaron a aparecer sobre los 5.000 diarios y los trabajadores domésticos llevaron el virus a casa».

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Y ante esa situación, «el Gobierno, luchando por explicar el aumento, planteó la hipótesis de que más pruebas podrían ser la razón; pero no funcionó, ya que más resultados arrojaron resultados positivos: 30 por ciento de todas las pruebas para fines de mayo versus 10 por ciento en abril», dice el artículo, que compara además que Chile «dejó atrás» incluso a EEUU en cuanto a contagios por millón de habitantes.

Protestas e indignación: «El Gobierno no tenía una solución rápida»

Y en este marco país, «no pasó mucho tiempo antes de que la indignación barriera las mismas calles que estallaron en disturbios sociales el año pasado«, que en ambos casos «se puede rastrear hasta el descontento entre los pobres ignorados y un Gobierno visto fuera de contacto con su gente».

Para estas personas, al igual que para los inmigrantes, «el Gobierno no tenía una solución rápida para frenar el virus, proteger el empleo o asegurarse de que recibieran suficiente comida y asistencia«.

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«Muchos de ellos eran inmigrantes que vivían en condiciones de hacinamiento; y algunos de ellos no querían hacerse la prueba porque una infección significaba que no podían salir, y sin trabajo no tienen comida», explica a Bloomberg Aldo Gaggero, virólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Y en medio de la situación actual, el análisis finaliza subrayando que el programa Alimentos para Chile «tardó en comenzar y se enfrentó a problemas logísticos», en tanto que otras estrategias del Ejecutivo apuntan a las residencias sanitarias, la importación de «cientos de ventiladores» y la expansión de la red de camas UCI, al igual que el reciente acuerdo con parte de la oposición para un plan de emergencia de 12 mil millones de dólares.

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