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Chile

Las alarmantes cifras que salen a la luz en el contexto de pandemia Coronavirus han develado siniestras formas de violencia que son ejercidas contra las mujeres y el nulo accionar para protegerlas. Ante la inoperancia y el abandono por parte del Estado hacia las mujeres violentadas, diferentes organizaciones de mujeres se agrupan, sigilosas, buscando resguardar la integridad de aquellas que necesitan auxilio inmediato.

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Durante el tiempo que la sociedad chilena se ha enfrentado a esta crisis sanitaria de la Covid, han emergido diferentes problemáticas que en el pasado reciente fueron ignoradas. Algunas se han agudizado, considerando que antes ya eran discutidas y que se contaban con cifras que efectivamente eran un reflejo de la realidad. En el caso de la violencia patriarcal, el escenario es distinto.

Considerando el escaso presupuesto con el que cuenta el Ministerio Nacional de la Mujer y Equidad de Género, éste organismo no se posiciona como una opción confiable que brinde protección a las mujeres o que otorgue herramientas que les garanticen confianza en dicha institución. Con la reciente designación de Macarena Santelices en la vacante dejada por Isabel Plá, el mensaje que se envía desde el gobierno está lejos de comunicar un compromiso por la defensa de las mujeres. Y ante esto, las organizaciones feministas se posicionan como una opción segura de resguardo y contención para aquellas necesitan un espacio seguro.

Cuando el 133 no responde

Para aquellas mujeres que son víctimas de violencia intrafamiliar (como está tipificado en la legislación chilena) suele ser muy complejo lograr total independencia de su victimario, considerando que el control que ejercen estos sujetos no está vinculado sólo a lo físico o emocional, sino también a lo económico y a las redes de apoyo. Frente a esto, las opciones que el Estado ha creado no son suficientes.

Desde la complejidad que trae consigo el realizar una denuncia en organismos que no cuentan con herramientas para tomar sus testimonios, en el caso de seguir con una demanda contra su agresor, la mujer se enfrenta a un complejo proceso de revictimización y desprotección: los riesgos van más allá de los daños emocionales que ocurren en tribunales, se trata de la amenaza constante del agresor.

Ante eso, tras realizar una denuncia, desde Fiscalía o del Tribunal deberían emerger una serie de medidas de protección para resguardar a la mujer que está en constante riesgo, pero no siempre es así. Frente a esta realidad,  redes de mujeres se han organizado con el objetivo de brindar apoyo y proteger a las mujeres cuando abandonan sus hogares frente a una situación de violencia.

En el Gran Concepción, diferentes organizaciones feministas a lo largo del tiempo se han preocupado por proteger a aquellas mujeres víctimas de violencia que están en posición de riesgo frente a sus agresores durante el proceso de denuncia o abandono de sus residencias, creando protocolos de rápida acción para re-ubicarlas en un espacio seguro y «clandestino» donde puedan estar durante un tiempo mientras (generalmente) inician un proceso de denuncia o son asesoradas por profesionales.

Feministas en red

«Surgió desde un grupo de amigas muy cercanas, desde nuestra vida privada; que nos dimos cuenta que necesitaban a veces un refugio o un lugar donde llegar al menos mientras tomaban una decisión», relata Noelia Fierro, miembro del Movimiento 8M Concepción, una de las organizaciones locales que brinda soporte a las mujeres en diferentes contextos.

Al evidenciar desde la experiencia personal y los relatos colectivos que las herramientas que entrega el Estado no dan abasto para la cantidad de denunciantes que existen, diferentes grupos de mujeres comenzaron a organizarse para entregar herramientas que permitan no solo salir de un círculo de violencia, sino prepararse para una eventual independencia de sus agresores.

«No es una residencia definitiva. No es como que nosotras vamos a solucionar el problema o vamos a ser una casa de acogida para mujeres que han sufrido violencia, pero si hemos actuado como una estadía temporal mientras (por ejemplo) la ex pareja iba a la casa donde vivían a sacar las cosas de su casa, ellas tuvieran un lugar donde quedarse», explica Noelia.

¿Y por qué recurrir a organizaciones feministas cuando el Estado posee protocolos para este tipo de situaciones? La respuesta es clara: porque la lista de falencias en las instituciones es gigante. Comenzando por la falta de preparación en el personal encargado de recoger los relatos de la víctima al realizar una denuncia (casi siempre Carabineros), luego por la lentitud en el proceso judicial, el cual por consecuencia retrasa la posibilidad de acudir a medidas de protección que mantenga lejos al agresor.

«Siempre sugerimos que sigan las vías institucionales legales sin omitir que nosotras apoyamos, porque sabemos que las instituciones no dan el alcance; pero aun así que no se salgan de eso para que al menos quede un registro del catastro para fines de estudio de las mismas instituciones, pero nos ha pasado que han llegado mujeres que sabiendo el protocolo, han ido a carabineros y han tenido muy malas experiencias, u otras que no sabían que tenían que ir a constatar lesiones, o que en la casa de la mujer no hay horas disponibles y ellas cesan», fundamenta Fierro, respecto a las complejidades a las que se enfrentan quienes desean denunciar, destacando el escaso acceso a la información por parte de los organismos involucrados en este proceso.

Otra gran dificultad en torno a las denuncias de violencia intrafamiliar es el seguimiento de éstas en la legalidad: el llevar a cabo un proceso judicial que permita calificar al acusado como culpable frente al Tribunal. Esto se ve dificultado por diferentes situaciones: la falta de acceso a asesorías, la dolorosa revictimización de quienes están denunciado o la lentitud para actuar del sistema judicial, quienes muchas veces, pese a tener en conocimiento que la denunciante está frente a riesgo de muerte, no le garantizan protección, dejando a las mujeres a la deriva y terminando muchas como víctimas de femicidio, con el culpable en plena libertad.

«Nosotras informamos lo que debería hacerse, pero entendemos que es un proceso que no funciona o que no tiene la cobertura y que puede generar, en la mujer que realiza la denuncia, que la vaya a desechar. Entonces ahí es donde  pensamos que tenemos que estar mucho más activas. Sabiendo eso, ver cómo nosotras ayudamos y apoyamos este proceso legal que ellas idealmente tengan que seguir», enfatiza.

Violencia patriarcal: un problema más allá del SERNAMEG

El problema de la violencia patriarcal, tipificada en Chile como Violencia Intrafamiliar (VIF), es que no es abordado de manera multidisciplinaria. Pese a la existencia de un organismo encargado exclusivamente de esto, las soluciones entregadas a las mujeres están enfocadas en una denuncia por maltrato y en reparación psicológica, ignorando cómo afecta el maltrato en diferentes dimensiones.

«Por ejemplo, no en todas las comunas de la región hay Casa de la Mujer, en algunas solo existe una abogada para toda la cantidad de denuncias que puedan llevar, y éstas solo están enfocadas en la violencia física. La violencia psicológica o el acoso no son demandas que se vayan a tomar desde ahí», destaca Noelia. Y agrega «Otro ejemplo: si una mujer sufrió violencia física y además quiere demandar por pensión de alimentos o régimen de visitas para sus hijos/as, tiene que hacerlo por otro lado, no es la misma causa que puede tomar la abogada de la casa de la mujer», y esto supone un problema. Comenzando porque la violencia también se manifiesta en el plano económico mediante el control de los ingresos y la resistencia a entregar una pensión digna a los hijos/as, y porque la violencia psicológica le impide a una mujer sentir que tiene las capacidades para lograr ser independiente de su agresor.

De ese modo, el acceso constante a una terapia psicológica permitiría sanar las secuelas que deja el sufrir maltrato y lograr, por consecuencia, un empoderamiento que permita a la mujer ser consciente de sus capacidades. Pero en el contexto nacional, son muchas las dificultades existentes para que una mujer pueda acceder a esto. «Tampoco hay psicólogas para psicoterapia, sabiendo que es algo necesario para la mujer, porque una mujer que ha sufrido violencia necesita terapia para poder recomponerse a sí misma, para recuperar su autoestima y poder auto valerse», profundiza.

De esta forma, cuando las mujeres recurren a estas organizaciones de forma directa o a través de sus redes más cercanas, es primordial comenzar la contención entre ellas mismas, utilizando recursos que están a mano en lo cotidiano. «Lo más importante es la empatía. A veces ni siquiera es necesario saber un protocolo de intervención o ser psicóloga para contener a alguien. No necesitamos que nos enseñen a escuchar o a dar un abrazo», continúa Fierro, destacando al mismo tiempo, que en aquellos casos más críticos que requieren un trabajo más profundo, recurren a organizaciones feministas con las que se relacionan para, en conjunto, brindar el apoyo necesario.

«Lo que nosotras siempre hemos brindado es contención emocional, psicológica, intervención en crisis para mujeres (cis, trans y no binarias) que estén siendo víctima de algún tipo de violencia de género. Actualmente, hemos abierto la gama de necesidades a también mujeres que pudiesen estar presentando algún tipo de necesidad en el ámbito psicológico y psicosocial. Ante eso nosotras realizamos sesiones de intervención breve con estas mujeres y vinculación con las redes que sean necesarias», relata Daniela Esparza, psicóloga perteneciente a la ONG Amiga yo te creo, quienes trabajan en red con Movimiento 8M, ABOFEM, entre otras organizaciones feministas de la región.

Entender qué es violencia y desde ahí prevenir

«La solución a la violencia no está solamente en alejarte del entorno donde eres agredida, sino en que tú vayas desarrollando como mujer herramientas que te permitan valorarte y defenderte desde el punto de vista de prevenir. Nosotras trabajamos mucho en encontrarnos con nosotras mismas en estas charlas y en empezar a develar qué es violencia, qué hacer cuando alguien está sufriendo violencia y qué no hacer, porque a veces desde los prejuicios o con el afán de ayudar, el tiempo que demora la mujer en compartir esa vivencia es cortado completamente por la reacción que una pueda tener», explica Francisca Rubio Díaz, quien también pertenece al Movimiento 8M Concepción.

«Frente a eso, siempre han estado las redes de mujeres, sobre todo antiguamente, cuando habían varias casas de acogida; eso se mantiene siempre en anonimato porque pasó en algún momento que las casas de acogida eran súper conocidas y al final llegaban los agresores a las mismas casas, por eso se mantiene el contacto entre las redes de mujeres», profundizando sobre un problema que complejiza la labor que ellas desempeñan, considerando que para acoger a una mujer de manera segura, es de vital importancia resguardar su ubicación y con ello prevenir que el agresor sea capaz de localizarla.

En ese sentido, es importante crear redes de protección y afecto que le permitan a una mujer que está enfrentando una situación de violencia poder hablar con confianza de esto en diferentes instancias. Tanto el Movimiento 8M como otras organizaciones feministas se encargan de cultivar estos espacios para que sean considerados como seguros, y crean instancias de diálogo en las que sea posible hablar de la situación y solicitar la ayuda que necesiten: «Nosotras en particular no tenemos la materialidad para llevar adelante algo de esa naturaleza (como una casa de acogida), pero si colaboramos dentro de todas nuestras posibilidades en hacer las articulaciones. Cuando hacemos los talleres nos vamos encontrando con mujeres que son víctimas de violencia, que lo han superado, que lo han ido manejando, pero hay casos en que esas mujeres ni siquiera están ahí, que otras nos cuentan que pasó tal cosa y ahí uno empieza a preguntar», expresa Francisca.

Para ello, urge concientizar sobre una afectividad sana, para que aquellas personas que están en una situación vulnerable puedan identificar estas banderas rojas de alerta y solicitar ayuda a la brevedad, y que al mismo tiempo los organismos encargados de protegerles sean capaces de orientar y potenciar el esfuerzo y valentía que de las mujeres al dar ese primer relato. «Ahí es donde nosotras de alguna manera, con nuestras charlas y conversatorios tratamos de entregarles esas certezas de que tales cosas son violencia: de que todo lo que tú no te sientas cómoda sintiendo, tienes que cuestionarlo».

Si eres víctima de violencia, puedes denunciar al «WhatsApp mujer» (+56 9 9700 7000), contactarte con SERNAMEG para Orientación por violencia de género marcando al 1455, este fono es gratuito y atiende las 24 horas del día. Para denuncias anónimas en PDI, llamar 600 4000 101. Por denuncia de agresión intrafamiliar, al 149. Y si necesitas seguimiento de denuncia en fiscalía, puedes realizarla marcando el 600 333 0000.


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