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Extractos sacados del libro «¡Defendámonos de los Dioses!», escrito por Salvador Freixedo.

De nuevo nos encontramos con un paralelo sorprendente, al mismo tiempo que totalmente inexplicable desde el punto de vista de la lógica. Más que de un paralelo podríamos hablar de una absoluta identidad de hechos. Y antes de proseguir, quiero confesarle al lector que lo que le voy a decir es algo tan inesperado, tan chocante y tan increíble, que en un primer momento, engendra en la mente del que lo conoce por primera vez, un rechazo absoluto, y una duda acerca de la cordura de quien se atreve a exponer semejante cosa. Lo que los dioses han pedido siempre en la antigüedad y continúan pidiendo hoy, es ni más ni menos que sangre; sangre tanto de animales como de seres humanos. ¿Por qué? No lo sé con exactitud. ¿Extraen ellos de la sangre algún producto que les sirva para algo? Tampoco lo sé; aunque al fin del capítulo le comunicaré al lector mis sospechas. Lo único que sé con exactitud, y que sabemos muy bien todos los que nos dedicamos a investigar en el mundo de la ovnilogía y de la paranormalogía, es que la sangre y ciertas vísceras, son el común denominador entre los dioses de la antigüedad, —incluido el dios de la Biblia— y los ovnis de nuestros días. Aunque ya traté este tema en mi libro «Israel PuebloContacto», quiero profundizar aquí en él, porque es una gran clave para desentrañar todo este misterio.

Los eternos dubitantes que constantemente están pidiendo pruebas concretas acerca de todos estos hechos misteriosos, cuando uno se las da, —como en este caso de la sangre— las encuentran tan extrañas, y tan demasiado concretas, que de ordinario en vez de servir para quitarles la duda se la acrecientan. Pero el hecho está ahí, atestiguado no sólo por todos los libros de los historiadores antiguos, sino por «el libro» por excelencia, —la Biblia— en donde vemos a Yahvé, página tras página, explicarle a Moisés qué era lo que quería que se hiciese con la sangre y con las vísceras de los animales
sacrificados.

Para que el lector, con ojos desapasionados pueda ver por sí mismo lo que le estamos diciendo, y de paso, para recordarle textos que leyó en sus años de colegial sin caer muy bien en la cuenta de lo que leía (o que muy probablemente no ha leído en su vida), copiaremos aquí varios pasajes del Pentateuco en los que Yahvé alecciona a Moisés acerca de cómo debe ser adorado: «Quien ofrezca un sacrificio pacífico, si lo ofreciera de ganado; mayor, macho o hembra sin defecto, lo ofrecerá a Yahvé. Pondrá la mano sobre la cabeza de la víctima y la degollará a la entrada de el tabernáculo; y los sacerdotes, hijos de Arón, derramarán la sangre en torno del altar. De este sacrificio se ofrecerá a Yahvé en combustión el sebo y cuanto envuelve las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones y los lomos y el que hay en el hígado sobre los riñones…» (Lev. 3, 1 y sig.).

Y así sigue explicando detalladamente a lo largo de los capítulos siguientes, qué es lo que los sacerdotes tienen que hacer con las vísceras en caso de que, en vez de ser vacas, toros o novillos, fuesen cabras, corderos o aves; y de acuerdo a los diversos pecados por los que se ofrecen los sacrificios: «Si es sacerdote ungido el que peca, haciendo así culpable al pueblo, ofrecerá a Yahvé por su pecado un novillo sin defecto en sacrificio expiatorio. Llevará el novillo a la entrada del Tabernáculo y después de ponerle la mano sobre la cabeza, lo degollará ante Yahvé. El sacerdote ungido tomará la sangre del novillo y la llevará ante el Tabernáculo y mojando un dedo en la sangre hará siete aspersiones ante Yahvé vuelto hacia el velo del santuario; untará con ella los cuernos del altar del timiama y derramará todo el resto de la sangre en torno del altar de los holocaustos… Cogerá luego el sebo del novillo sacrificado por el pecado y el sebo que cubre las entrañas y cuanto hay sobre ellas, los dos riñones con el sebo que los cubre y el que hay entre ellos, y los lomos y la redecilla del hígado sobre los riñones… La piel del novillo, sus carnes, la cabeza, las piernas, las entrañas y los excrementos lo llevará todo fuera del campamento… y lo quemará sobre leña…» (Lev. 4, 1 y sig.).

Aun con peligro de abusar de la paciencia del lector, pero por creer que tiene mucha importancia, voy a citar otro texto que resume, en cierta manera, todas las detalladas órdenes que Yahvé le transmitió a Moisés acerca de cómo quería ser adorado. Durante los capítulos 4, 5, 6, 7 y 8 del libro del Levítico, continuaba Yahvé instruyendo detalladamente a Moisés; he aquí cómo la Biblia describe los primeros sacrificios ofrecidos por Ai y sus hijos después de haber terminado de recibir todas las instrucciones: «…Trajeron ante el Tabernáculo todo lo que había mandado Moisés y toda la asamblea se acercó poniéndose ante Yahvé….moisés dijo: «Esto es lo que ha mandado Yahvé; hacedlo y se mostrará la Gloria de Yahvé. [Note el lector que en la Biblia se llama la «Gloria de Yahvé» a la famosa nube en que Yahvé se

manifestaba y desde la que les hablaba. «Arón se acercó al altar y degolló el novillo… sus hijos; presentaron la sangre y mojando él su dedo, untó con ella las esquinas del altar y la derramó al pie del mismo. Quemó en el altar la grasa, los riñones y la redecilla del hígado de la víctima por pecado, como Yahvé se lo había mandado a Moisés. Pero la carne y la piel las quemó fuera del campamento. Degolló el holocausto y sus hijos le presentaron la sangre, que él derramó en torno al altar. Le presentaron entonces el holocausto descuartizado, junto con la cabeza y él los quemó en el altar.

Perdóneme el lector unas citas tan largas —que podían haber sido mucho más largas todavía— pero es que quería que cayese en la cuenta de que la sangre y las vísceras eran para Yahvé como una idea fija y obsesiva6. Pero lo grave es que Baal, Moloc, Dagón, etc., les pedían exactamente lo mismo a los pueblos mesopotámicos; y Júpiter-Zeus les pedía los mismos

sacrificios a griegos y romanos; y si saltamos a América nos encontramos con que Huitzilopochtli les pedía lo mismo a los aztecas y con el agravante de que éste les exigía que la sangre fuese humana en ocasiones.

El cristianismo, a pesar de haberse liberado de este lastre de

los sacrificios cruentos de animales y a pesar de mostrarse mucho más racional en sus ritos, sin embargo, en cuanto uno profundiza poco en ellos, se encuentra de nuevo con la sangre, aunque en este caso sublimada: «la sangre del cordero», y el «vino convertido en sangre del Hijo de Dios», son dos símbolos

fundamentales en toda la ritualística cristiana. Y si profundizamos más todavía, veremos que estos símbolos no son tan símbolos, ya que la sangre de Cristo en la cruz fue una sangre real y no simbólica; ¡sangre que le fue exigida nada menos que por su Padre! Pero no tendremos que admirarnos mucho ante un hecho tan monstruoso, cuando nos enteramos que ese padre, según nos dice la teología, no era otro que Yahvé.

Hasta aquí el lector tiene derecho a tener muchas dudas acerca de lo que llevo dicho. No precisamente de que la sangre tuviese mucha importancia en las religiones antiguas, incluida

la judeo cristiana, (los testimonios bíblicos son irrefutables), sino de que eso pueda ser presentado como una prueba de que a los dioses todavía les sigue interesando el obtener sangre humana o de animales en nuestros días. Trataremos de quitarle esas dudas en los párrafos siguientes.

Los ovnis y la sangre

Recordará que en páginas anteriores no sólo relacionábamos el «fenómeno ovni» con lo que venimos llamando «los dioses», sino que lo identificábamos totalmente: es decir, que los que hoy se nos manifiestan en los misteriosos ovnis son los mismos que en épocas pasadas se manifestaban como dioses a nuestros antepasados (a veces a bordo también de máquinas volantes, tal como nos dicen muchas historias antiguas), exigiéndoles adoración y sacrificios. Pues bien, en línea con esta idea e identificación, nos encontramos con otro hecho que no puede menos que llenarnos de pasmo, después de lo que hemos visto en párrafos anteriores. El hecho desnudo e irrefutable es el siguiente: Los ovnis acostumbran con cierta periodicidad, a llevarse determinadas vísceras y sobre todo grandes cantidades de sangre que extraen de animales —preferentemente vacas y toros— que previamente han sacrificado en granjas. Estas carnicerías, que siempre suceden durante la noche, han ocurrido prácticamente en todas partes del mundo, y las autoridades de unos cuantos países, avisadas por los ganaderos perjudicados, han intervenido activamente para dar con el causante de las matanzas, sin que nunca hayan llegado a dar una explicación convincente.

También la sangre humana

Si las mutilaciones y los desangramientos de animales son interesantes, con toda razón se puede decir que resultan mucho más interesantes los desangramientos de seres humanos.

En 1977, cuando me encontraba en la ciudad de San Luis Potosí (a unos 300 kilómetros de la ciudad de México) llegó a oídos el primer caso de esta naturaleza: un recién nacido que había sido encontrado muerto totalmente desangrado. Las extrañas circunstancias del caso me incitaron a una investigación más a fondo hasta que enseguida descubrí que no se trataba de un caso aislado, sino que era uno entre muchos parecidos. Las circunstancias generales eran estas: ordinariamente se trataba de recién nacidos o con muy poco tiempo de vida; solían presentar hematomas o magulladuras en la piel, como si a través de ella les hubiese sido succionada la sangre; porque el común denominador de todos ellos era que estaban completamente vacíos de sangre.

En algunos de los casos daba la impresión de que la sangre les había sido succionada a través de la boca ya que no había heridas ni marcas de ninguna clase en la piel. Es también corriente que las madres de esos niños sean descubiertas sumidas en un estado letárgico al lado de sus infantes muertos, como si hubiesen sido endrogadas por alguien, mientras realizaba la tarea de desangrar a su hijo; algunas de estas madres han tardado días en volver en sí y cuando lo hacen, se sienten extremadamente débiles. Hay también adultos que dicen —o suponen— que han sido atacados por alguien durante el sueño, porque descubren mataduras y golpes en la piel por todo el cuerpo y sienten también una gran debilidad.

Todos estos hechos sucedieron en el municipio de Landa de Matamoros, en el estado de Querétaro, en diferentes localidades. Naturalmente la gente comenzó a hablar de vampiros y otras cosas y cundió el pánico entre los humildes habitantes de la zona. Los casos fueron reportados a las autoridades las cuales hicieron algunas averiguaciones para ver cuál había sido la causa de las muertes, pero como sucede de ordinario en estos casos, no se llegó a ninguna conclusión, y las mismas autoridades trataron de que se olvidase todo. Los lugares en que sucedieron la mayor parte de los incidentes son Tres Lagunas, Tan Coyol, Valle de Guadalupe, Pinalito de la Cruz y algunas otras aldeítas muy pequeñas situadas en la Sierra Madre del Este, cerca de los límites del estado de San Luis Potosí.

Naturalmente uno puede atribuir todas estas muertes a causas naturales; pero sin embargo hay unas cuantas circunstancias que las asemejan mucho a las mutilaciones de animales. Una de esas extrañas circunstancias, que a cualquiera que conozca bien el fenómeno ovni le dirá mucho, es el hecho de que por esos mismos días los habitantes de la región veían constantemente luces que se movían muy lentamente en el cielo nocturno; algunas de ellas se paraban encima de los cerros cercanos y hasta encima de las copas de los árboles y hacían movimientos muy raros. La humilde gente del lugar les llama a estas luces (que se aparecen de tiempo en tiempo) «brujas» y de hecho les tienen bastante temor, hasta el punto de que tienen para defenderse de ellas unos ritos mágicos especiales que me describieron.

Por qué la sangre

La clave de todo es que la sangre libera muy fácilmente y de una manera natural, este tipo de energía (que en último término no es más que ondas electromagnéticas) que tanto agrada a los dioses. Para obtener de un cuerpo vivo energías semejantes, los dioses tienen que matarlo violentamente y luego quemarlo, mientras que la sangre, cuando fluye libremente, ya separada del cuerpo, suelta esta energía de una manera completamente espontánea, contrario a lo que sucede con la mayor parte de las vísceras y de la materia orgánica desmembrada.

Paracelso afirma que los magos negros se valen de los vapores de la sangre para evocar a las entidades astrales, que en este elemento encuentran el plasma conveniente para materializarse. Los sacerdotes de Baal se herían en el cuerpo para provocar apariciones tangibles con la sangre. En Persia, cerca de las aldeas rusas TemerchanShura y Derbent, los adherentes a cierta secta religiosa forman un círculo y giran rápidamente hasta llegar al frenesí, y en este estado, se hieren unos a otros con cuchillos hasta que sus vestidos quedan empapados en sangre. Entonces, cada uno de los danzantes se ve acompañado en la danza por una entidad astral.

Antiguamente las hechiceras de Tesalia mezclaban sangre de cordero y de niño para evocar a los espectros. Aún hay en Siberia una tribu llamada de los yakutes que practica la hechicería como en tiempos de las brujas de Tesalia. Para ello necesitan derramar sangre, sin cuyos vapores no se pueden materializar los espectros. También se practica la evocación cruenta en algunos distritos de Bulgaria, especialmente en los lindantes con Turquía; durante unos instantes se materializa una entidad astral. Los yezidis, (que habitan las montañas áridas de la Turquía asiática y de Armenia, Siria y Mesopotamia en número de unos 200.000) forman corros en cuyo centro se sitúa el sacerdote que invoca a Satán. Los del corro saltan y giran y mutuamente se hieren con puñales… y suelen tener algunas manifestaciones fenoménicas, entre ellas la de enormes globos de luego que luego toman figura de extraños

animales…». Datos semejantes a estos (tomados de «Isis sin velo» Tomo IV, de Mme. Blavatski) se pueden encontrar en muchos otros autores y en casi todos los historiadores de la antigüedad. Y aparte de estos textos profanos, no tenemos nunca que olvidarnos de las claras, reiteradas y tajantes órdenes de Yahvé a su pueblo: «Jamás comáis la sangre»; «vertedla en el suelo como agua». (Lev. 3,17; Deut. 12, 16 y 24; etc.).

Artículo editado por Rishi Geek

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